3. Concepto de Libertad: Reflexiones a “Sobre la Libertad”, de John Stuart Mill.

La libertad como principio del impulso y desarrollo del ser humano

(Reflexiones del libro “Sobre la Libertad”, de John Stuart Mill).

 

 

 John Stuart Mill, (Londres, 20 de mayo de 1806 – Avignon, 8 de mayo de 1873), representa una de las máximas autoridades entre los teóricos del liberalismo, que impulsaron este movimiento desde el país inglés al resto de naciones. Su pensamiento, de firmes convicciones individuales pero sin olvidar un trasfondo profundamente colectivo (de bien común), ha sido considerado como la más férrea defensa a los valores de la libertad y la tolerancia.

 

Distinción de conceptos de libertad en las etapas históricas del hombre:

 Gran estudioso de los clásicos griegos, Stuart Mill concebirá profundas críticas a su filosofía, donde la defensa del concepto libertad poseía distinto sentido: para las antiguas Polis griegas, libertad venía condicionada por el fuerte (e indispensable) vínculo existente entre el Gobierno-Estado-Nación y sus ciudadanos, un vínculo de dependencia necesaria para la propia existencia mutua y consolidación de su identidad y fuerza colectiva. La seguridad del pueblo dependía del control del Estado (ubicado y desempeñado en espacios reducidos, tanto geográfica como demográficamente), mientras que en la Edad Moderna, las civilizaciones y los países alcanzan una dimensión y estabilidad demográfica y política que debe verse reflejada en una mayor libertad del individuo por y para sí mismo, manteniendo su límite en la libertad de los demás. El ser humano necesita pensar en su propio beneficio, que sin duda repercutirá en el engranaje común del bienestar social con una efectividad y poder arrolladores.

 

 Los peligros de la represión:

No obstante, a pesar de su revisión a las teorías de filósofos helénicos, ensalzará algunos de sus principios como elementos de ruptura, y defenderá la vida y obra de Sócrates (entre otros) como ejemplo personificado del pensamiento adelantado a su época, el rechazo y represión de una sociedad abocada al desconocimiento y la censura, con su consiguiente evolución incompleta. Mill asegura que, con toda probabilidad, gran parte del pensamiento de estos autores ha podido ser deformado a través de los siglos por el silencio impuesto, reduciendo su ámbito de influencia a ciertas élites que mantuvieron latente el espíritu de sus enseñanzas.

 

Defensa de las Minorías y de la Mujer:

Gran parte de sus postulados fueron gestados en comunión con su mujer, Harriet Taylor, con quien contrajo matrimonio tras 21 años de amistad. Ejerció gran influencia en su trabajo; prueba de ello es la constante defensa de los derechos de la mujer por parte de un Mill que se convertiría también en baluarte de apoyo a las minorías raciales o de credo (no tanto en materia económica).

 

Mill y la Iglesia Católica.

 El profundo sentimiento liberal de Mill le llevó a posicionarse fuertemente en contra de la Iglesia Católica Apostólica Romana, considerándola, según sus propias palabras, “como la más intolerante de las iglesias”. Su obra más representativa, de la que hablaremos más adelante, se haya repleta de alusiones y críticas a la forma eclesiástica, su nula apertura a la libertad de credo y pensamiento, la cual defenderá como uno de los pilares básicos de realización de todo ser humano. También rechaza la deformación que supone hablar de “verdad” en términos divinos, concebidos sin rigor científico o positivista, sin base científica demostrable, sustentados en la costumbre. Mill defiende lo tangible como única verdad evidente: todo aquello que existe puede ser medido por la experiencia observable, los sentidos del ser humano. Esta aserción colisionó de forma traumática con todo postulado religioso. A pesar de ello, Mill defenderá la libertad de credo como propiedad indiscutible del hombre libre, que puede y debe decidir su propio juicio en referencia a cualquier tema que le incumba, influya o aporte personal y particularmente.

 

Su obra más importante, “Sobre la Libertad”, compone un ambicioso proyecto donde el autor se embarca en la ardua (casi imposible) tarea de desentrañar los entresijos de un concepto tan diluido, deformado, mitigado, pero al mismo tiempo imprescindible, trascendental, motor de todo avance hacia una humanidad más justa, desarrollada y feliz, como es el de “libertad”.

En ella, adoptará posturas firmes respecto a la libertad individual, los derechos y deberes del hombre para consigo mismo, el límite de las decisiones unipersonales, el papel del Estado entre el universo común y disperso de las mentes pensantes que deciden sus propios caminos de forma categórica, sin oposición alguna.

 Sobre la Libertad:

Ya en el prólogo, Isaiah Berlín nos ubica y orienta, despejando el camino que compone el crisol de paradojas e ideas contrapuestas que compone el concepto de “libertad”. Ser libre ha supuesto algo completamente distinto para un ciudadano griego o romano, un individuo de la Alta Edad Media o un trabajador del nuevo y floreciente sistema capitalista de producción que contextualiza los escritos de Mill. Para nuestro autor, la libertad engloba múltiples parcelas que tienen su nexo en el propio individuo como elemento de absoluta independencia. Así, la libertad debe absorber en su composición los siguiente aspectos:

–          “Libertad de conciencia, en el más comprensivo de sus sentidos”;

–          “La más absoluta libertad de pensamiento y sentimiento sobre todas las materias, prácticas o especulativas, científicas, morales o teológicas”.

–          “Libertad de expresar y publicar las opiniones propias y personales”.

–          “Libertad en nuestros gustos y en la determinación de nuestros propios fines”.

–          “Libertad de trazar nuestra vida según nuestro propio carácter para obrar como queramos”. No obstante, “Estaremos sujetos a la responsabilidad de nuestros actos”.

–          “El individuo también tiene derecho a la libertad de asociación de individuos, siempre y cuando no perjudiquen a los intereses de los demás”.

–          “No será libre ninguna sociedad, sea cual sea su Gobierno, si no se respetan todas estas libertades”.

 

 El Gobierno de sí mismo y los posibles peligros de la Tiranía de la mayoría.

 Mill no describe una fórmula de Gobierno concreta, aunque considerará la Democracia (entendida bajo los parámetros de la época), como instrumentalización de la búsqueda por las libertades aquí descritas. Rechazará firmemente el papel controlador del Estado. El Estado debe dejar actuar libremente a sus ciudadanos, cada uno debe ejercer el “Gobierno de sí mismo”, teniendo presentes a los demás. “Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano”. La carga de responsabilidad moral es fundamental para explicar el trayecto y las decisiones que nos lanzarán a una carrera de superación personal que sólo puede conducir a un beneficio de trascendencia mayor.

 Rechazando los gobiernos absolutistas y controladores del periodo medieval, Mill desarrollará una interesante reflexión sobre el peligro de los nuevos “Gobiernos de la Mayoría”, peligro que puede tomar forma en la nueva sociedad inglesa tras los cambios acaecidos en las décadas anteriores. Existe un peligro: el dominio absoluto de “la voluntad de la porción más significativa o numerosa del pueblo”, que puede desembocar en el silenciamiento de las opiniones o perspectivas contrarias y el condicionamiento o sometimiento de la vida de aquellos que no sustenten las mismas creencias o ideas bajo el paraguas uniforme del pensamiento imperante. Debe rechazarse, según sus propias palabras, “la Tiranía de la Mayoría”. Debe limitarse la tendencia de la mayoría a imponer su propia visión. Debe impedirse que la mayoría dominante se considere capacitada para desarrollar su sentimiento de clase superior.

 

Crítica a la religión católica. El peligro de la costumbre.

 La religión puede forjarse como elemento tiránico dentro del pensamiento social. Mill criticará ferozmente a la Iglesia Católica, rechazando sus dogmas como elementos universalmente válidos. Según Mill, la Iglesia Católica debería aprender de su propia historia y realizar juicios de valor constructivos respecto a su actitud dogmática y controladora. Para nuestro autor, los primeros cristianos reflejan el ejemplo claro del mal que genera la persecución de ideas distintas, que pueden renovar en profundidad el sistema actual, superándolo y mejorando la sociedad para todos. Todo aquello que se silencia, todo aquello que se oprime, impide el desarrollo natural del hombre. Si no se hubiesen tomado en cuenta las ideas expuestas en la “Teoría de la Evolución de las especies” Darwiniana, la ciencia no habría alcanzado cotas semejantes. La crítica a la Iglesia Católica resulta un elemento reiterativo dentro de la composición temática de la obra de Mill, no así el Protestantismo, que permite, en principio, un abanico de libertades de decisión mucho mayor al concepto católico.

El definido por la época como renacimiento religioso es, a ojos de Mill, la cristalización del fanatismo.

Mill expondrá que los valores católicos suelen ser conceptos muertos, letárgicos, dentro de la propia comunidad creyente. Se aceptarán como tal, sus enseñanzas conformarán ideas mustias por lo reiterativo del discurso, sin una reflexión sobre el trasfondo de todo lo repetido hasta la saciedad. Es el poder y el peligro de la costumbre; la costumbre cierra las mentes sobre ideas jerárquicas e impide el paso a la reflexión y contraposición de ideas. Esto, evidentemente, favorecerá las intenciones de dominio y control de la iglesia.

 

Estudio de las diversas opiniones.

 Las distintas opiniones deben ser estudiadas. Sin conocer toda teoría contraria a la nuestra, no podemos comprender globalmente el tema que estamos tratando. Nadie debe imponer su pensamiento o forma de hacer al extraño. Ninguna sociedad puede obligar a sus minorías o a aquellos que no congenien con su visión de la sociedad, los patrones respecto a los cuales funciona. Nadie puede imponer su visión, de ahí el peligro de las mayorías opresoras.

 

Excepciones al control de la actuación.

 No obstante, Mill realiza excepciones, algunas de ellas censurables y cuestionables. Acepta la posibilidad de interceder en aquellos individuos de la sociedad que, por circunstancias, no se encuentren con la capacidad de tomar decisiones que los orienten correctamente: así, los niños y menores de edad deben ser controlados y dirigidos para que logren alcanzar sus máximas aspiraciones personales. El punto negativo lo compone la visión que Mill expresa de lo que él define como  “sociedades bárbaras”. Stuart aceptará el despotismo como modo legítimo de Gobierno al control de los bárbaros, siempre y cuando su fin sea el mejoramiento. No resulta moralmente correcto hablar de sociedades bárbaras, aunque debemos comprender el contexto situacional en el que transcurren los escritos. Además, Mill cita razones como la raza para sustentar esta teoría… nos adentramos en un proceso de reflexiones de dudosa moral según el catalejo de nuestra contemporaneidad. Aún así, lo que Mill persigue es la creación de pueblos intelectualmente activos, y esto representa un aspecto muy positivo y esperanzador, un foco de luz en el  nuevo escenario de rupturas y renovaciones ideales.

 

Contraposición de opiniones como elemento positivo para el desarrollo de la libertad.

 La base de la libertad es la constante evolución de la opinión. Partiendo del principio de que uno observa el universo desde la perspectiva que le ha sido proporcionada en el lugar donde ha crecido, un hombre puede ser cristiano en Europa o aceptar los patrones confucianos, siendo habitante en Pekín. La riqueza de las opiniones y pensamientos demuestra el variado universo de perspectivas que deben ser tomadas en cuenta. Estudiando estas opiniones podemos llegar a desechar las absurdas. Según palabras textuales de Mill, “las opiniones y las costumbres falsas ceden gradualmente ante los hechos y los argumentos; pero para que los hechos y los argumentos produzcan algún efecto sobre los espíritus, es necesario que se expongan”. “El hombre es capaz de rectificar sus equivocaciones por medio de la discusión y la experiencia”, por lo tanto, la libertad de pensamiento y discusión abrirá las mentes de sus defensores y sustentará la libertad completa de todos los individuos pensantes. Cabe destacar una última frase esclarecedora, donde el autor afirma que “en todo asunto sobre el que es posible la diferencia de opiniones, la verdad depende de la conservación de un equilibrio entre dos sistemas de razones contradictorias”.

 Por último, Mill acusará a la sociedad del momento de mantener leyes penales contra la expresión de las opiniones, sobre todo aquellas en las que las discrepancias religiosas jueguen un papel definitivo. Pocas veces habrá podido leerse una crítica tan brutal y abierta a la todopoderosa Iglesia Católica.

 

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